Un poco de geografía y datos asombrosos para adentrarnos en la Antártida

Región occidental, península antártica, región oriental, y cordillera Trans Antartica.

La Antártida comprende territorios al sur del paralelo 60º. Este continente posee una forma casi circular de 4500 km de diámetro, sobresaliendo de la masa central una península que se proyecta hacia el extremo sur de Sudamérica. En el extremo de esa península antártica se encuentra un archipiélago de islas llamadas Shetland del Sur, en una de ellas, en la Isla Rey Jorge se ubica la Base Científica Antártica Artigas, comúnmente conocida como BCAA, donde tuve el gusto de trabajar durante los años 2005, 2006 y 2008.

La Antártida es el continente en promedio más elevado de la Tierra, con una media de 2000 m sobre el nivel del mar. Una de sus principales características es que alberga el mayor depósito de agua dulce del mundo, un 80% del total. A su vez ostenta el récord más bajo de temperatura que se haya registrado en el planeta Tierra (-89,2ºC en la base rusa “Vostok” el 21/07/1983).

El continente se encuentra recubierto por una gruesa capa de hielo, siendo el espesor promedio que cubre el continente de 2500 m, con un máximo registrado de 4776 m, casi 5 km de hielo sobre su estructura rocosa.

En algunas zonas ese manto glaciar supera los límites del continente formando extensas barreras de hielo que descansan sobre el agua. Las más conocidas sin dudas son las de Ross y de Larsen, las cuales se hicieron mundialmente famosas por sus rupturas producto del aumento de temperatura a lo largo de la Península Antártica debido a los efectos del cambio climático.

En la Antártida también existen accidentes geográficos como en el resto de los continentes; cordilleras, montañas, bahías, lagos, arroyos, fiordos, aguas termales y volcanes activos.

El pico montañoso más alto es el llamado macizo Vinson con 4900 m, mientras que la cordillera trans-antártica divide a la Antártida en dos regiones; occidental y oriental.

La región occidental es la más pequeña, enfrenta a las aguas del Océano Atlántico y Océano Pacifico. Dentro de esta región encontramos a la Península Antártica y a las famosas barreras de Larsen y Ross. Posee también islas que son una continuación de la Cordillera de los Andes, siendo la región que ha presentado más derretimiento de hielos debido al cambio climático.

La Antártida Oriental es la región de mayor tamaño, queda frente a las aguas del Océano Indico. En ella encontramos los mayores glaciares del planeta Tierra y los famosos Polo Sur Geográfico, Polo Sur Magnético, y el Polo Sur de la Inaccesibilidad.

Polo Sur Geográfico: el punto más austral de la superficie terrestre.

Polo Sur Magnético: lugar donde el campo magnético del planeta es perpendicular a la superficie, este fluctúa en su posición.

Polo Sur de la Inaccesibilidad: el punto del continente más distante del Océano Antártico y el más complicado de acceder, siendo a su vez el más inaccesible de todos los puntos del planeta Tierra. Se ubica a una altura de 3.718 metros sobre el nivel del mar muy cerca de la base rusa “Vostok”.

El continente antártico posee también otra característica muy interesante y es que varía de tamaño a lo largo del año, lo que le ha valido el nombre de “continente pulsante”. Durante el verano austral el continente tiene una extensión aproximada de 14 millones de km², siendo que durante el invierno austral el mar adyacente se congela aumentando esa extensión a 30 millones de km².

Algo que pocos conocen y es una singularidad de este continente es que posee los niveles de humedad en promedio más bajos del mundo, lo cual lo hace el continente más seco, aún más que las superficies desérticas con altas temperaturas. En las áreas del polo sur geográfico casi nunca se han registrado lluvias, siquiera en forma de nieve ¿Como se explica esto? Debido a que en el interior de la Antártida las temperaturas son tan bajas que toda el agua se transforma en hielo. Esto no ocurre por el contrario en las zonas costeras e insulares.

En la Antártida también se han registrado los vientos más intensos de la superficie terrestre con un récord histórico de 327 km/h en julio de 1972 sobre el área donde se encuentra ubicada la estación científica francesa “Dumont d'Urville”, mayor intensidad que durante el peor huracán que se haya registrado en zonas tropicales.

Otra característica interesante de este continente son los fenómenos ópticos que se producen por la presencia del hielo como ser espejismos, para-helios y los fenómenos producidos por el viento solar interaccionando con nuestra atmósfera que nos regala las famosas Auroras.  

Iceberg a la deriva

Foto: Karina Sans

Colonia de pinguinos barbijo

Helicóptero sobrevuela glaciar

Vida vegetal y animal en la Antártida

Pinguino Papua. Península Antártica.
Foto: Karina Sans

Debido a lo extremo de las condiciones climáticas y a los suelos muy pobres en nutrientes, la abundancia y diversidad de plantas terrestres es muy reducida siendo que básicamente lo que podemos encontrar son helechos, musgos, líquenes, macro y micro algas. En las zonas más benignas de la península antártica podemos llegar a encontrar pasto y clavel antártico. 

Por el contrario la fauna marina es maravillosamente rica en abundancia y diversidad. Existen medusas y arañas de mar gigantes, anémonas de mar, leopardos marinos, lobos marinos, focas, diversos tipos de peces, calamares gigantes, ballenas, y actualmente en zona de la península antártica hasta cangrejos y tiburones. Se le agrega todo un sub mundo de invertebrados microscópicos y macroscópicos que  forman parte de la base de la cadena alimenticia marina, del cual el krill es el crustáceo más famoso.

En tierra podemos encontrar aves antárticas en las regiones costeras de la península, siendo skuas y petreles los más comunes. También podemos encontrar cormoranes, albatros, gaviotas, palomas y gaviotines.

Sin embargo, la fauna estrella de la Antártida son sus distintas especies de pingüinos. Recordar que son animales propios de este continente, así como los osos polares son habitantes exclusivos del Ártico.  

Pinguinos Barbijo en Bahía Collins

Foto: Elizabeth Huck

En Bahía Collins junto a pinguino barbijo.

Foto: Elizabeth Huck

Foca de Weddell.

Foto: Karina Sans

Skua antártica.

Foto: Karina Sans

Instalaciones de investigación científica antártica y anécdotas de vida

Realizando una caminata en la BCAA.

En el año 2000 me recibí de licenciada en ciencias biológicas en la Universidad de la República de Montevideo, Uruguay. Me especialicé en biología marina. Mi primer cargo universitario lo gané por concurso de oposición y méritos en la Facultad de Agronomía, allá por el año 1998. Luego sucesivos cargos de investigación como Grado 1 en la Facultad de Ciencias permitieron que en el año 2005 a través de un proyecto que yo misma redacté y que fuera aprobado por el Instituto Antártico Uruguayo (IAU) me arrimara al continente blanco.

Así llegó mi primera ida a la Antártida en abril de 2005. El viaje consistió en evaluar las necesidades de insumos e infraestructura para un futuro laboratorio en la Base Científica Antártica Artigas. Me tocó volar en un avión militar Hércules C 130 de la Fuerza Aérea Uruguaya y permanecí en la base durante una semana.  

En el Hércules no habían asientos individuales cómodos y mullidos (como en aviones comerciales) o un servicio de catering que te sirviera refrigerios, cada quien se llevó su vianda para el viaje y los tapones para los oídos por el ruido de los poderosos motores. Cuando despega un Hércules hace honor a su nombre, parece que estas por viajar en un transbordador espacial rumbo a la Luna.

Eran cinco horas y media de vuelo hasta Punta Arenas (Chile), pero justo a los 35 minutos de viaje nos quedamos sin un motor y tuvimos que regresar a la base de la “Fuerza Aérea Uno” para susto de la prensa, de mi jefe que estaba justo dando una conferencia allí, y de mi padre, que se enteró por la radio, y encima le tenía pánico a los aviones. El aterrizaje aunque de emergencia no tuvo mayores inconvenientes, volví a mi casa, avise a todos de que estaba bien, almorcé mi vianda y espere noticias. De noche me confirmaron que al otro día salíamos de nuevo ya que el motor estaba reparado. Uno de los viajeros no quiso repetir la experiencia. Así que nueva vianda y nuevo intento de llegar a la Antártida.

Pasamos día y medio en Punta Arenas esperando la famosa ‘ventana’ de buen tiempo para poder hacer el cruce rumbo al casquete polar. 

Tuve la suerte de poder ver el estrecho de Magallanes desde la cabina de pilotaje del avión y de ver también el último trozo de continente americano. Un enorme acantilado de roca que terminaba en la conjunción del Océano Antártico, el Océano Atlántico y el Océano Pacífico. El mar se veía de un azul profundo en ese hermoso día soleado. La experiencia me resultó surrealista. Estaba viendo el último trozo de tierra del continente americano. Finalmente habíamos abandonado Sudamérica y lo que continuaba era desconocido para mí.

Nuestra base científica antártica se encuentra en la Isla Rey Jorge, que pertenece al Archipiélago de las Shetland del Sur, bien en la punta de la Península Antártica. Desde Punta Arenas son aproximadamente dos horas y media de vuelo, las cuales las hicimos con bastante turbulencia. Llegamos a primera hora de la tarde a la base científica chilena “Capitán Frey”, donde aterrizan y despegan los aviones en la isla. Arribamos con mal tiempo. 

Adentro del avión viajábamos con buena temperatura y compartíamos espacio con la zona de carga, íbamos con todo los materiales de trabajo y equipajes junto a nosotros.

Me avisaron de que me acomodara bien todo el equipo que llevaba puesto para descender en cuanto el avión tocara tierra y se abriera la compuerta de descarga. Traía puesto un pantalón de montaña con calzas de lana, chaqueta impermeable de montaña, buzo y gorro de lana, camiseta abrigada, guantes, bufanda, lentes, botas para la nieve. Pensé que con toda esa ropa sería imposible que pasara frío, apenas me podía mover con tanto abrigo puesto. Y de golpe se abrió la compuerta para descender.

Lo primero que sentí fue una ráfaga de viento helado en mi cara como nunca en mi vida había vivido, ni aún en la Cordillera de los Andes. Ese día había ventisca de nieve y la sensación térmica rondaba los 25 grados bajo cero.

Nos dijeron; “rápido, bajen y entren corriendo a la base”. Al salir del avión no veía nada más que blanco a mí alrededor, en el piso, en el aire, era como si harina helada volara por todas partes. El dolor que sentía en la cara me impedía abrir bien los ojos para ver claramente a través de los lentes empañados. Se me empezaron a congelar las mejillas y yo seguía sin distinguir la entrada a la base mientras todos corrían. Un compañero ya avezado del trabajo antártico me tomó de la campera y me empujó hasta la entrada, recién cuando la tenía encima pude verla. Luego me comentó que él sabía que allí estaba por experiencia, por las tantas veces que había ido y no porque la hubiera visto con claridad, así que me quede tranquila, solo era cuestión de orientarse. No habíamos arribado a la Antártida en su mejor día.

Adentro de la base estaba agradable, una temperatura ideal y había mucha gente. Personas de todas las nacionalidades; chinos, coreanos, rusos, alemanes, chilenos, argentinos. El tiempo desmejoraba rápidamente y nuestro avión en cuanto desembarco todos los materiales emprendió vuelo nuevamente hacia Chile. Y allí quedamos nosotros esperando nos vinieran a buscar en carrier personal de nuestra base.

Me pegué a una ventana y miré hacia afuera. Mi primera visión clara de lo que era la Antártida. Mis ojos estaban impactados con el espectáculo del blanco absoluto. Una investigadora coreana sentada en el piso junto a mis pies trabajaba muy concentrada en su notebook. Me trajeron un café, y un militar chileno de la base me dio la bienvenida.

- ¿Primera vez?

- ¡Si! 

- ¿A qué te dedicas?

- Soy bióloga marina y pienso hacer investigaciones en la Bahía Collins.

- Acá te pueden pasar dos cosas, aprenderás a amar a la Antártida, o no querrás volver jamás a vivir esta experiencia.

Volví a acercarme a la enorme ventana luego de que terminó nuestra charla, era el lugar un hervidero de gente conversando en toda clase de idiomas. A pesar de lo desolador de la vista que tenía frente a mí, donde nieve y rocas era lo único que se apreciaba, yo ya estaba enamorada del continente blanco. No daba crédito de estar allí. Me sentí muy afortunada y agradecida con mi profesión, del apoyo que siempre tuve de mi familia para poder concretar mis sueños más locos, y de mis jefes. Hace dos meses que justamente falleció el ex jefe de la sección de oceanología de Facultad de Ciencias, el Dr. Carlos Martínez, a quien le debo mucho, gracias a que el confió en mi capacidad de trabajo fue que pude vivir experiencias increíbles.    

En la Antártida encontramos 65 bases científicas de 30 países bajo régimen del Tratado Antártico. No todos los países del mundo tienen base en la Antártida, solo quienes forman parte de ese tratado. Algunos países tienen más de una base. Las americanas por ejemplo son verdaderas ciudades operativas todo el año, siendo la base americana “Mc Murdo” la más grande de todas las bases antárticas y la Base “Amundsen-Scott” una hermosa obra de ingeniería con construcciones geodésicas que se encuentra ubicada prácticamente sobre el polo sur geográfico.

Las bases chinas se lucen por su tecnología de punta, siendo la base más inaccesible por su ubicación la rusa Vostok.

Algunas bases operan a año completo y otras solo son estaciones de investigación en verano. También hay refugios y campamentos. Todo depende de los recursos monetarios que cada país con base científica antártica asigne a sus instalaciones y a la investigación.

Las bases se manejan con personal científico y personal militar, aunque están prohibidas las operaciones con fines militares, solo se permiten actividades científicas. El personal militar es el encargado de mantener el buen funcionamiento de la base, de actuar en casos de traslados, evacuación y rescate, y de brindar apoyo operativo técnico al equipo científico. Los norteamericanos además poseen contratistas que dependen del departamento de defensa para realizar las tareas de mantenimiento de sus bases.

El transito antártico por aire y por agua es importante, estamos hablando de miles de personas durante el verano, aunque muchas menos durante el invierno. Usualmente quien llega a comienzo del invierno a una base antártica no tiene más remedio que permanecer allí hasta que entre la primavera debido a la inclemencia del clima como para trasladar personal sin riesgo.

Hay al menos un doctor por base, y por grupo de bases se cuenta también al menos con un quirófano para operaciones de urgencia, ya que debido a las inestables condiciones climáticas es muy difícil poder evacuar heridos. Por ejemplo, la base científica uruguaya en la isla Rey Jorge tiene alrededor a la base de Corea del Sur “King Sejon”, la base china “La gran muralla China”, la base chilena “Capitán Frey”, y la rusa “Bellinhausen”. Si necesitamos atención quirúrgica urgente, la base chilena cuenta con el quirófano más cercano.

Las dotaciones del personal militar según la base varían en cuanto a estadía; seis meses, un año, algunas hasta dos años. Luego hay personal rotativo que puede trabajar desde una semana a varios meses. El personal científico básicamente rota todo el tiempo. En mi caso lo máximo que estuve viviendo y trabajando en la base antártica uruguaya fueron cuatro meses.

Se cuenta con red de telefonía celular, teléfono fijo, internet y tv satelital.

El tema de los alimentos es complejo, en la mayoría de las bases no se encuentra alimento fresco, solo congelado, por lo tanto hay que olvidarse de frutas o verduras frescas. Las que cuentan con esa clase de suministros son las que tienen acceso al arribo de aviones y son muy pocas.

Uno aprende rápido viviendo y trabajando allí de que si no llevamos lo que vamos a necesitar, difícilmente podremos conseguirlo allá.  En uno de mis viajes me quede sin crema de enjuague para el cabello al mes y medio de estadía. No pude conseguir ni en mi base ni en las cercanas. Teniendo cabello largo, con el frío intenso y el viento quemándolo, o me lo cortaba o recurría a substitutos. Solucione el tema fabricando una crema casera con mayonesa, aguacate y aceite de cocina. Metí todo en una procesadora para licuar los ingredientes y luego lo pasé a un frasco que guardaba en la heladera para que no se echara a perder.

No saben lo difícil que me resultó conseguir aguacates. Gracias al cocinero de una delegación científica de Ecuador pude darme el lujo. Así vives allá, si necesitas algo no es tan fácil conseguirlo.

Las bases operan principalmente con combustible que se almacena en tanques gigantes y que hay que re abastecer mediante transporte por barco u avión, una operación que se vuelve harto difícil y peligrosa tanto para el ambiente prístino antártico como para los operadores. En febrero de 2012, explotaba la estación brasilera “Comandante Ferráz”, en la misma isla donde está nuestra base. El incendio originado consumió el 70 por ciento del complejo, dejó dos personas muertas y varios heridos.

Hay bases con operativa de punta, como ser la base belga “Princesa Isabel”, la cual combina materiales de construcción que no dañan el medio ambiente, posee uso limpio y eficiente de la energía y técnicas inteligentes de manejo de desperdicios. Así de seguras deberían ser todas las bases, pero cada país hace lo que puede en cuanto a dinero disponible y tecnología.

En las bases que operan con relevos de hasta dos años existen; escuela, iglesia, estación de radio y gimnasio para el personal asignado a la base y sus familias. Conocí militares chilenos que se mudaron a la isla con toda su familia durante los años de trabajo. Una experiencia increíble e inolvidable para los más pequeños.

La vida es muy difícil allá por lo inhóspito del clima, pero la experiencia es hermosa, es como estar en otro planeta. En verano es de día todo el tiempo en la gran mayoría de las bases antárticas. En la base uruguaya se llega a ver un leve atardecer alrededor de la medianoche, un crepúsculo que los días de buen tiempo se aprecia en hermosos tonos naranjas y rosados intensos. A las 2 de la madrugada ya es pleno día. Varias veces me tocó salir a trabajar a las tres o cuatro de la madrugada con el sol en el punto más alto. En invierno es al revés, prácticamente solo noche.

Las estrellas se ven impresionantes por la claridad de la atmósfera y la ausencia de contaminación lumínica. Los paisajes son de ensueño, pero el clima cambia radicalmente de un momento a otro, puedes tener sol y cielo despejado y en 20 minutos estar inmerso en una tormenta de nieve y viento que no te deja ver más allá de medio metro. Mucha gente ha muerto debido a esto, desorientados y perdidos a metros de su propia base. Por ello en aquellas bases que se encuentran sobre el continente y que están sujetas a los fenómenos atmosféricos más extremos, se recibe un curso de supervivencia al ingreso que es obligatorio, no te dejan salir de la base hasta que no lo tienes realizado y aprobado.

El acceso a las bases mayoritariamente es vía aérea o por barco. Allí se vive en comunidad, el personal va de visita de una base a otra en vehículos llamados “carriers”, en moto nieve o a pie si estas bases se encuentran cerca. Se le recibe a todo el mundo con las puertas abiertas. A cualquier hora del día o de la noche puede aparecer alguien necesitando refugio, un café, comida, información científica u otro tipo de ayuda.

Estando en la Antártida he tenido que hacer de traductora con personas de las más diversas nacionalidades y culturas. Es como vivir en las Naciones Unidas.

Luego de aquel increíble viaje de una semana a la Antártida en el 2005, sin dudas que decidí que regresaría con más tiempo para investigaciones en monitoreo ambiental marino. Así que embarqué en el buque militar “ROU Artigas”, mi segundo viaje a la Antártida, pero el primero hasta allá en barco. Justo era además el viaje inaugural del buque Artigas hacia el continente helado.

¿Recuerdan que les comenté anteriormente del motor que dejó de funcionar en el avión Hércules el día de nuestra partida (abril de 2005), lo que nos ocasionó tener que regresar de urgencia a la “Base Aérea Uno”? Pues bien, para que vean las complicaciones a las que nos exponemos los investigadores de campo, les comento que la salida en el buque Artigas resultó en otro contratiempo inesperado. Les relato la historia.

Normalmente como parte de las actividades de seguridad en lo naval, cuando se sale de puerto se realizan los llamados simulacros de abandono de buque o zafarranchos. Cada barco tiene botes de emergencia y se te asigna a uno. Además se te brinda un chaleco salvavidas. El primer día de navegación y de forma inesperada suena la alarma que anuncia el abandono del barco. Tienes que tomar tu chaleco salvavidas, tu morral con los suministros de emergencia (suelen ser mudas de ropa dentro de bolsas ziploc, unas barras de cereales o paquete de galletas saladas, una botella de agua y medicamentos que vengas utilizando). Con ello se sale a cubierta por la vía de evacuación más rápida y te diriges a tu bote salvavidas, donde un oficial a cargo pasa lista. Este procedimiento, dependiendo del comandante a cargo se repite entre una a dos veces. Los barcos que suelen navegar siempre con el mismo personal a bordo lo repiten una sola vez. En el caso del Artigas iban varias personas que nunca habían navegado en ese buque. Era un barco comprado a Alemania. Sinceramente, un laberinto de corredores todos iguales, poco señalizados y los carteles en un idioma que yo desconocía.

Ese primer día de navegación andaba como perdida, sin movilizarme mucho hasta que me orientara. Realizaron un simulacro a primera hora de la tarde, otro a última hora de la tarde y me imaginé con eso ya sería suficiente. Habíamos partido un 3 de enero, así que imagen el escenario, pleno verano al sur del ecuador, un calor sofocante y nosotros dentro de una gran lata de metal diseñada para navegar en el Mar del Norte, con fríos árticos. Navegábamos con el aire acondicionado a toda marcha pero nada lograba enfriar esa gran lata cerrada.

Como soy noctámbula, a la medianoche me dispuse a ver una película en la sala principal de descanso, aún usábamos el VHS. En ese momento escucho que suena la alarma. No podía creerlo. A esa hora haciendo un simulacro. Veo que los oficiales salen y yo me quedo tranquila en el sofá concentrada en la película, en ojotas y equipo deportivo de verano. Luego de unos minutos de escuchar mensajes entrecortados por el intercomunicador y de percibir tanto movimiento en el pasillo, decido salir a ver qué sucedía. Pensé que si faltaba al simulacro iba a terminar cayendo muy mal a la dotación naval ya en mi primer día a bordo. Resulta que al abrir la puerta huelo humo, y al salir al pasillo veo que el humo era intenso. Ahí recién pude escuchar claramente el anuncio que decía por el inter comunicador “esto no es un simulacro, esto no es un simulacro”. Me quedé petrificada. Había un incendio a bordo. Quise llegar a mi camarote a buscar el chaleco salvavidas y mi bolso, pero me perdí por los pasillos que aun desconocía, y eso que mi camarote estaba a dos pasos. Me desorienté por completo. Por suerte un oficial vio mi situación y logró sacarme, aunque no llevara mi equipo de emergencia ya que escapar del humo era lo prioritario. Y ahí quedé, tranquila en cubierta junto con el resto, mientras un grupo se esforzaba por apagar el incendio. Ya estábamos navegando a la altura de Mar del Plata (Argentina), y muy alejados de la costa, en pleno Océano Atlántico.  La noche estaba fresca y encima nublada. Mi instinto de supervivencia me hizo evaluar rápidamente la situación. Si tenía que saltar a las aguas agitadas sin luna y sin estrellas podría perderme mucho antes de ahogarme, porque la visibilidad en la noche era casi nula y en caso de incendio los generadores de los barcos suelen apagarse. Había hecho un curso de orientación a través de las constelaciones para el hemisferio sur. Me hacía sentir más segura mientras navegaba, pero esa noche no serviría de nada. Me asomé por la borda y el mar agitado me resultaba tan terrorífico como el incendio. 

Una buena compañera naval me ofreció un abrigo ya que ella si había podido llegar a cubierta con su bolso de emergencia.

Lo que más me llamó la atención de todo lo que ocurría esa noche fue la tranquilidad que demostrábamos tener todos, por fuera al menos, nadie manifestó temor alguno ya que sabemos bien que suele ser contagioso y en esos casos muy contraproducente. 

Finalmente el incendio fue extinguido, se había originado en uno de los depósitos del barco debido a un cortocircuito. Continuamos con la navegación como si no hubiera pasado nada. Allí comencé a encomendarme a mi padre como santo personal. Tenía largas conversaciones con él en sueños, lo sentía cerca y me hacía sentir segura. Además si me llegaba a suceder algo, sentía que él estaría del otro lado esperándome, y eso me tranquilizaba.

Días después, arribamos al puerto de Ushuaia, nuestra primera parada, y mi primera vez también en la ciudad más austral del mundo. Una hermosa localidad que recomiendo visitar.

Allí el barco re apostó combustible, agua potable y suministros alimenticios como para seguir rumbo a la Antártida. Junto a nosotros estaba el barco insignia de la National Geographic para documentales antárticos, el “Endeavour”, el cual me volví a cruzar en mi tercera visita a la Antártida, en mismo puerto y también en enero, pero de 2008. 

Luego de la increíble experiencia en Ushuaia continuamos rumbo hacia la Antártida, salimos del Océano Atlántico y nos adentramos en el Océano Antártico. Resulta fascinante ver cómo cambia el color de las aguas. A veces de un azul turquesa intenso, otras veces color verde esmeralda. Y cuando hay mucho oleaje en alta mar y el océano se oxigena en su superficie se ven muchas burbujas de aire.

Durante la navegación no tenía actividad de trabajo alguna así que aprovechaba para sociabilizar, ver cine, jugar juegos de cartas con el personal abordo, leer mucho y escribir en mi bitácora. Siempre llevaba un diario de viaje donde iba plasmando todo lo que vivía, para luego no olvidarme de los detalles, que con el paso de los años se van perdiendo.

Durante esta navegación intentamos llegar al continente, ya que la base uruguaya se encuentra en una isla de la península antártica. Pretendíamos visitar la base antártica argentina “Esperanza” y un refugio de investigación uruguaya para las actividades de verano. Pero el tiempo no nos ayudó, había mucho viento, unos 25 grados bajo cero y el barco corría riesgo de ser empujado contra las rocas de la zona costera encallando. Así que tuvimos que retornar a la isla Rey Jorge. Las dos veces que pretendí llegar a esa base en el continente antártico fueron un fracaso.

En el 2008 volví a embarcarme en otra de esas locas expediciones en las que solía participar. Esta vez el tramo de tiempo fue más largo. Estuve en la Antártida de enero a abril. Ya para ese entonces se había convertido en mi segundo hogar. Volví a navegar pero esta vez en el “ROU Vanguardia” de la marina uruguaya. No hubo incendio, pero si se nos apagaron los motores en medio del cruce del Pasaje de Drake, uno de los más peligrosos del mundo, y encima con tormenta.

 En la ciudad de Ushuaia les venden a los navegantes unas postales que citan “I have survived the Drake Passage”, “he sobrevivido al pasaje de Drake”. La cábala cita que cada vez que pasas por allí y sobrevives debes comprar una postal. Yo lo atravesé cuatro veces en barco y dos veces en avión, y solo compre una postal. Por allí anda, entre mis álbumes de fotos. Tengo planeado regresar a Ushuaia pero en calidad de turista y no ya más por temas de trabajo y allí compraré las cinco que me faltan.

Regresando a las anécdotas en tierras antárticas, una vez pretendí irme caminando desde la base uruguaya a la chilena, unos 7 km y medio aproximadamente a través de laderas montañosas a levantar un paquete que me había preparado un cocinero. Había arribado a la base chilena un avión con suministros y amablemente me habían apartado un par de manzanas, una palta (aguacate), unos tomates y unas naranjas.

Le había comentado anteriormente al cocinero chileno que mi dieta era básicamente vegetariana y que la comida congelada y con mucha carne me estaba haciendo mal, amagaba ya con un principio de gastritis. Fruta y verdura fresca es oro puro en esa parte del planeta, así que desesperada no lo pensé ni dos veces, tenía que ir. Pero sabía que no iba a obtener autorización de usar un vehículo de la base debido al gasto de combustible solo para ir a buscar para mí unas pobres frutas, así que me abrigué bien, agarré un radio para estar comunicada en caso de urgencia y emprendí la marcha. A medio camino me cruzo con una camioneta de la base rusa con dos investigadores abordo. No hablaban inglés, pero enseguida entendieron hacia donde me dirigía y se ofrecieron a llevarme, hasta me convidaron con vodka en el camino. Si un ruso te ofrece un trago de vodka amablemente, así sean las 9 de la mañana rechazarlo es una descortesía, así que no te queda otra que empinarte el trago y dar las gracias. La base rusa queda antes de llegar a la chilena, pero igualmente ellos me arrimaron hasta mi destino. Ese es el espíritu de cooperación antártica, todos para uno y uno para todos. 

Dado que en verano es de día a tiempo completo, las jornadas se vuelven muy largas y uno se vuelve más activo. Luego de terminar mi trabajo obligatorio, solía ayudar en la cocina de la base, atendía a turistas y buscaba aparte alguna otra distracción. Libros, películas, charlas, juegos de mesa, pero una de las diversiones más extrañas que desarrollé viviendo allá se las cuento a continuación. El único aeropuerto en la isla, si se puede llamar aeropuerto a un trozo de montaña plana y despejada que moría sobre una bahía, se encuentra en la base chilena aledaña a la nuestra. Un par de veces a la semana aparecían aviones, los cuales pretendían aterrizar en ese estrecho margen de pista sin terminar dentro de la bahía. Intentaban el acercamiento hasta tres veces y si no lo lograban, debían emprender el retorno al continente americano e intentarlo otro día ya que el gasto de combustible no permitía arriesgarse una cuarta vez. El combustible en el avión debía dar para llegar a la isla y regresar al continente. Sobrevolaban aviones de muchas naciones, con pilotos con mayor o menor destreza. Uno de mis entretenimientos era apostar con mis compañeros cual lograba tener éxito y cual debía regresar en otro momento. Me subía a una ladera montañosa cercana a la base uruguaya cuando me avisaban llegaban los aviones a la isla y comenzaba el entretenimiento. Por las dudas siempre estaba con mi cámara de fotos y filmadora a mano, por si ocurría algo. Resulta morboso así como lo cuento, pero hay que entender el contexto. Allá uno se vuelve un ser extraño.

Es increíble cómo afecta la ausencia de noche o de luz al reloj biológico y a la conducta humana. Literalmente vi personas enloquecer. Quienes ya tenían algún tipo de problema emocional o psiquiátrico latente aún más. A pesar de que todos quienes realizábamos trabajo antártico tuvimos que pasar por una evaluación con psicotest. Si el psicólogo asignado del instituto antártico no te daba el ok, no podías viajar.

Ese trabajo no es para cualquiera, el nivel de estrés para al organismo es alto. En mi caso los dos meses de luz solar continua no fueron un problema mayor, me adapté bastante rápido, me generé una rutina que me servía de mucho. A la medianoche solíamos tener un hermoso atardecer los días de buen tiempo, así que aprovechaba y salía a caminar por la costa de la Bahía Collins, que baña con sus aguas el entorno de nuestra base. Me servía como ejercicio diario, como despeje de la mente y a su vez, me hacía a la idea de que iba a oscurecer. Luego de la caminata me encerraba en mi habitación ya lista para dormir. Tenía una gran ventana con vista a la misma bahía, con cortinas gruesas para evitar la entrada de luz, pero filtraba la misma por sus costados, así que yo tapiaba la ventana con bolsas de residuos negras. Las pegaba con cinta adhesiva cada vez que iba a dormir y al levantarme las quitaba. Con eso lograba simular bastante bien el tema de la falta de noche.   

Lo que más me afectó al retorno a Montevideo la vez que estuve cuatro meses viviendo allá fue re adaptarme a la temperatura, al movimiento de la ciudad, el ruido y la gente. Mi termostato en esos años había cambiado, me volví menos tolerante al calor. Recuerdo regresar en abril de 2008 a casa y sentirme acalorada, mientras aquí todos ya comenzaban a usar los primeros abrigos. Esa situación se mantiene hasta hoy en día. Ya no soy una persona que le guste el verano, definitivamente soy un bicho de frio.

Me causa gracia cuando compatriotas aquí en Uruguay utilizan la frase “hace un frío polar”. No tienen idea lo que es un frio polar, aun la temperatura aquí más baja es un juego de niños para quienes realmente experimentamos temperaturas extremas. Igualmente cabe aclarar que allá en la Antártida el frio se combate fácil, utilizando la ropa adecuada, alimentándose de forma calórica y debido a que la baja humedad hace que el frio cale menos los huesos. Ese es el problema que tenemos en Uruguay, la alta humedad, que cuando refresca, así no se llegue a los cero grados con facilidad, igual molesta y mucho.  

Un tema que caló hondo en mi ser durante el viaje del 2008 fue el del aislamiento. Al poder vivir allá un par de meses pude sentir realmente el verdadero espíritu antártico. Por más gente que tengas alrededor conviviendo en la base, el entorno es hostil. A tu alrededor solo vas a tener hielo, rocas, animales salvajes, frío y condiciones climáticas extremas, te sientes viviendo en el fin del mundo. El fuerte viento genera un continuo sonido de fondo que puede enloquecer con el tiempo a las personas.

Además de salir a caminar diariamente a medianoche para luego descansar mejor, lo hacía también una vez a la semana durante el día. Solía llevar una gran bolsa para juntar basura. Siempre la llenaba con residuos inorgánicos desperdigados por la costa. En un territorio que debería ser prístino, pero al que le llega inhumanamente todos nuestros residuos no biodegradables transportados por las corrientes oceánicas desde los demás continentes y todo lo que ilegalmente descargan los barcos, principalmente los pesqueros, que muchas veces operan clandestinamente en aguas antárticas. Recogí envases y tapitas plásticas de todo tipo, tetra packs de jugos, bolsas de leche, trozos de redes de pesca que se enredan en animales o estos las ingieren y mueren, trozos de vidrio, partes de barcos hundidos, uno encuentra cualquier cosa.

Juntaba toda esa basura y la llevaba a la base, donde sufría un acondicionamiento de reducción para ser devuelta vía barco al continente americano para su eliminación o reciclaje.

Me sentaba muchas veces en una gran roca cercana al glaciar Collins a realizar meditaciones con música “new age”. Solía estar acompañada por focas de Wedell y por pingüinos Barbijo, que en región de nuestra base eran los más comunes de ver, conjuntamente con los pingüinos Papúa. Son muy sociables y curiosos. Mientras tanto las eskuas antárticas, aves de gran porte, sobrevolaban por sobre mi cabeza.

A mí me encantaba el silencio y el aislamiento, no lo sentía como algo negativo, me permitía conectarme mejor con la naturaleza. Sinceramente, el regresar de nuevo a la civilización humana me causaba más desasosiego que el estar allá. Pero no a todos les ocurría esto, mucha gente se deprime trabajando en la Antártida, se ponen de muy mal humor y continuamente están diciendo que extrañan algo, sea el ir al estadio, a un shooping, la gente, el ruido de la ciudad, determinadas comidas, la familia, el calor, etc. Yo solo extrañaba las frutas y las verduras frescas, por el resto, estaba todo perfecto. Allá la vida es más simple, más básica, aunque más riesgosa y comprometida a estar atento a cada paso que das.

Durante mis tres periplos de investigación antártica conversé con científicos de todas las ramas y nacionalidades. Con algunos trabajé en conjunto y con otros solo intercambiábamos resultados de nuestras investigaciones. Recuerdo a una investigadora chilena del área de la botánica que me la crucé de regreso al continente en el avión Hércules durante mi primer viaje, ella estaba realizando cultivos hidropónicos en la base chilena para poder cultivar lechugas. Con lo necesario de la verdura fresca para las dotaciones humanas en esa parte del planeta.

Conversaba también mucho con glaciólogos, ya que allá se junta gran parte de esa tribu, por estudios actuales de cambio climático y también de antiguas condiciones climáticas y biológicas en el territorio antártico.   

Otro grueso de la investigación antártica con el que solía relacionarme era con quienes trabajaban como yo en fisicoquímica de aguas y estudios de plancton marino. Realizábamos reuniones conjuntas cuando contingentes científicos transitaban en la zona. Todos ansiaban compartir sus experiencias y relacionarse con colegas.   

Conocí también periodistas, directores de cine, y hasta a un cura ortodoxo ruso de la Siberia que en verano iba a la Antártida. Oficiaba todas las religiones en la única iglesia que había en la isla, tenía desde La Biblia al Corán. Increíblemente ya nos habíamos cruzado un año antes en un barco ruso en el que yo estuve trabajando. En ese momento él se trasladaba en el buque de investigación ruso “Sergei Vavilov” desde Rusia hacia la Antártida con una iglesia de madera desarmada en bodega.

La iglesia se armaba encastrando sus maderas parte a parte, sin remaches, lo que hace posible que no se desarme al estar hoy instalada en la cima de una hermosa ladera de piedra y hielo que aumenta y disminuye en su tamaño del invierno al verano. Es una iglesia de cuento de hadas, que no necesita calefacción porque es impermeable al frio. Los incas usaban el mismo sistema en la construcción de sus templos, las piedras iban encastradas unas con otras y no pegadas para que pudieran disipar energía y generar rozamiento durante los sismos, por eso aún permanecen sus antiguas construcciones en pie. Ese viejo sistema funciona aún hoy en terrenos móviles por retroceso y avance de hielos, es una técnica de construcción básica y útil.

¿Qué probabilidad hay de haberte cruzado un día con un monje en un barco ruso y un año después volver a encontrarte a esa misma persona al entrar a la única y pequeña iglesia que hay en una isla remota de la Antártida?

Yo te conozco le dije en inglés. Él no me recordaba, pero cuando le describí nos habíamos cruzado año atrás en el “Sergei Vavilov” navegando por el Rio de la Plata, ahí se le iluminó el rostro y me contestó – sí, ese era yo. 

A este mismo monje lo vi un día de terrible tormenta de nieve salir de su iglesia vestido solo con su túnica negra, se veía con el viento que no llevaba pantalones debajo, solo unas medias cortas y botas. La sensación térmica rondaba los 20 grados bajo cero, nada frio para quien se cría y vive en la Siberia. Se dirigió a nuestro avión Hércules de la fuerza aérea uruguaya, que estaba por partir en pista y con una bola de metal dorada con humeante incienso bendijo al avión para su buen retorno al continente americano. Mientras todos huían despavoridos hacia los bunkers por la tormenta de viento y nieve, yo incluida, y el avión a continuación y muy rápidamente tomaba vuelo, antes de que se congelara el combustible en sus tanques. El monje regreso muy tranquilo a la iglesia caminando. Solo se veía el blanco absoluto de la nieve, el hielo y la mancha negra de su túnica que se disipó a los minutos en medio de la tormenta. Yo observaba todo tras una ventana adentro de la base chilena.

Durante mis estadías antárticas vi glaciares enormes comenzar a derretirse por el cambio climático, cada vez que caía un fragmento grande de glaciar a las aguas sonaba como si fuera un trueno. Cuando trabajaba en “zodiac” o bote neumático y escuchaba el estruendo enseguida me ponía de pie haciendo uso de mi estabilidad en espacios reducidos y observaba en todas direcciones ya que estos derrumbes solían generar un mini tsunami que podía resultar peligroso si estabas trabajando en la bahía. Vi gigantes témpanos de hielo a la deriva en el mar durante el verano con enormes grupos de pingüinos de distintas especies sobre ellos, también vi migraciones de ballenas de todo tipo. Es espeluznante ver cazar a las orcas.

A veces si un pingüino se veía perseguido por una de ellas y veían nuestros botes de goma, a pesar del miedo a lo desconocido, preferían caer sobre los botes a ser devorados por la orca. Así permanecían a bordo hasta que se daban cuenta que el animal se había retirado y luego regresaban a las aguas. Son animales muy inteligentes, al igual que las orcas. Resto de las ballenas son mayoritariamente filtradoras de plancton.

Una costumbre de comandantes de barcos es mandar a parte de la tripulación en bote neumático a levantar trozos de glaciares que flotan a la deriva, subirlos a cubierta, fragmentarlos y usarlos como hielo para bebidas en alguna fiesta nocturna los sábados de noche entre pizzas y “hot dogs”. Imaginen un cubo de hielo de varios kilos de peso derritiéndose en cubierta. Suelen verse transparentes o hasta en tonos azulados por reflejo de la luz. Todos creyendo que se trata de hielo descontaminado, que surge del corazón impoluto del glaciar que acaba de partirse. Pero no es así, porque sobre el glaciar se posan animales de todo tipo que defecan y orinan, esto va infiltrando hacia las capas más profundas del hielo. También absorbe el hielo todo lo que llega de contaminación atmosférica de los continentes super poblados por humanos. El hielo lo absorbe todo. Pero se ven hermosos, limpios, tentadores.

Mis amistades navales sabían de esto, les había explicado y les recomendaba que si iban a hacer ese ritual antártico ineludible, que utilizaran bebidas alcohólicas para el hielo ya que estas matan todas las bacterias que pudieran estar allí. Yo lo hice, me tomé un vaso de Jhonny Walker etiqueta negra a la salud de mi padre con hielo antártico mientras degustaba unas papas chips en una de estas reuniones. Recomendaba a la dotación no lo intentaran con refrescos cola o podrían terminar enfermos. 

Una bebida alcohólica que descubrí en uno de estos viajes antárticos fue la caña de bambú coreana. Muy parecida al vodka, pero más suave. Debo reconocer que un par de veces que con mal tiempo debía salir a trabajar al exterior, me preparaba un licuado de ananá o durazno en lata con un chorro de esta caña alcohólica. Eso me daba fuerzas, por más que se recomienda no tomar alcohol en climas fríos, debido a que luego del subidón de calor inicial, sobreviene un enfriamiento corporal. A mí me funcionaba, pero la dosis era baja y luego que retornaba a la base me tomaba varios tés bien calientes con limón. Solo recurría a ese brebaje cuando el viento estaba insoportable y ya amagaba la nevada o la lluvia.

Dos veces sufrí principio de hipotermia. Una de esas veces un cocinero de la base me hizo un preparado de shock calórico. Una bomba molotov. Mezcló leche entera, con yema de huevo, varias cucharadas de azúcar, miel, maní pelado sin sal, chocolate en barra y un chorrito de ron. Lo licuó, lo calentó y me lo dio a beber. El ataque al hígado me duró 24 horas, pero el principio de hipotermia les aseguro lo superé al instante.

No había sufrido el frío extremo solo yo. Éramos un grupo de varias personas el que había tenido que regresar a pie a la base debido a que el carrier que estábamos utilizando se quedó varado a un par de kilómetros de la base y la noche con una enorme caída en la temperatura nos acechaba. Era abril y las temperaturas antárticas ya eran muy bajas. Mis compañeros varones no solo se tomaron dos tazas de ese coctel molotov, sino que rato después cenaron guiso de lentejas. Yo tuve que cenar sopa y un té, porque me sentía demasiado llena. En ese entonces pesaba tan solo 50 kilos.

Siempre me maravillaba de ver a los rusos salir corriendo de su sauna en zunga para tirarse a las heladas aguas de la bahía, o me impresionaba ver a las rusas corriendo por la costa en pantaloncitos cortos con menos de cero grado de temperatura. Así que un día quise intentar hacerme la valiente y meterme en las heladas aguas de la Bahía Collins a ver que se sentía. Remangue mis pantalones para la nieve por encima de mis rodillas y descalza comencé a entrar al agua...a los 5 minutos salí congelada y arrastrándome como si Neptuno estuviera apuñalándome las piernas con su tridente. Para completar me agarré una infección urinaria. Nunca más lo volví a intentar.

Me encantaba salir a buscar cuevas donde trepar y meterme. Escalaba a mano, no eran demasiado altas aunque peligrosas ya que las piedras se desprendían con facilidad. Como era liviana de peso y estaba físicamente muy entrenada solía disfrutarlo mucho. Mientras mis compañeros me sacaban fotos desde abajo y me indicaban hacia donde convenía que me dirigiera.

Otro deporte que practicaba allá era el “culipatín”. Tomaba un trozo de cartón y me deslizaba con él por las laderas nevadas, pero para ello debía subir a la cima, luego de un par de veces quedaba agotada. El traje de nieve pesaba mucho y encima el viento, que nunca paraba.

También fui un par de veces al gimnasio de la base chilena. Practicábamos voleibol con la dotación y yo aparte un poco de kickboxing. Allá no te aburres nunca.

Tuve el privilegio en el 2008 de celebrar dos veces el comienzo del año. El 31 de diciembre habitual, unos días antes de partir al continente helado, y luego un siete de febrero con el año nuevo chino en la base “La Gran Muralla China”. Estaba súper contenta porque nos habían invitado a almorzar. Pude caminar en territorio chino. Una base grande y con muy buena tecnología. La tenían toda decorada con farolitos chinos rojos. Recuerdo a mis compañeros comiendo un pollo frito rebozado en semillas de ají picante. Pasaron varios días enfermos con acidez estomacal. Yo no lo probé, me tenté si con las distintas variantes de arroz y verduras. El médico de la base resultó muy simpático y me obsequió uno de los farolitos chinos porque yo estaba como un niño chico deseando uno. Lo coloqué enseguida en mi habitación que era toda de paredes y techo blanco. Me acostaba sobre la cama y me quedaba mirando el farolito rojo fascinada, que siempre se movía, ya que la infraestructura de los alojamientos se mecía levemente a compás del viento, a veces hasta crujía. Yo estaba en un primer piso así que a veces solía despertarme y me quedaba esperando a ver si solo era efecto del fuerte viento u ocurriría el desastre y la habitación terminaría desarmada en medio del temporal. Al constatar que no sucedía nada relevante más que el movimiento y el ruido, me volvía a dormir. Uno se acostumbra a todo.  

En mis años operando en la Antártida como científica me he enterado de muchos accidentes y decesos. Casos de roturas de huesos, infartos, derrames cerebrales por subidas de presión y por golpes en la cabeza, es muy normal resbalar sobre el hielo, caer y pegarse la cabeza, muchos han muerto así de golpe por un golpe valga la redundancia. Una colega bióloga marina británica murió atacada por un elefante marino, se desangró antes de poder ser evacuada, un grupo de glaciólogos alemanes se estrellaron en helicóptero contra un glaciar por una ráfaga fuerte e imprevista de viento. A veces se forman grietas en los glaciares que uno no ve y de golpe el hielo te traga fácil 30 o 40 metros sin posibilidades de rescate. No existen rutas en la Antártida, sino caminos provisorios y vías semi transitables de laderas montañosas para vehículos especiales para la nieve que fácilmente derrapan y causan accidentes graves y mortales. Se hunden barcos en las tormentas y aún siguen hundiéndose por chocar contra témpanos de hielo que cual abrelatas te dejan como el Titanic. La gente se desorienta y se pierde fácilmente durante tormentas de nieve muriendo por congelación a pasos de sus bases. Han explotado algunas estaciones científicas por errores en el manejo del combustible ocasionando muertos, como les he contado anteriormente, han caído aviones, etc.

Gracias a dios yo solo he tenido que lamentar leves episodios de hipotermia y principio de congelamiento en los pies, me queme la cara un par de veces por disminución en la capa de ozono, me queme el cabello por frio y viento, adelgace bastante por estrés, me caí varias veces por resbalarme en el hielo o por andar escalando laderas, dándome terribles golpes pero sin romperme un hueso, en definitiva, vivir allí no es nada fácil, pero si una experiencia inolvidable.

Navegando por aguas antárticas viví dos tormentas con enormes olas, de esas donde se te viene encima una pared de agua que parece va a aplastar el barco entero. Es espeluznante de ver, así estés en el puente tres niveles por encima de la cubierta base. El barco remonta la ola y luego cae, o la ola rompe contra la proa del barco de forma impresionante y el agua choca contra las ventanas del puente de mando con fuerza. El movimiento es hacia adelante y hacia los costados, cabeceo y rolido, y puede mantenerse horas. Es como estar sobre un toro mecánico.

Un par de veces hice de vigía con binoculares a la búsqueda de témpanos de hielo (icebergs) durante la navegación. Hoy en día se sigue utilizando el método del radar junto al de la observación humana cuando el mar se vuelve un campo minado de trozos de hielo. 

Sin dudas a pesar de todo lo bueno y lo malo que se puede vivir en un clima tan extremo y desolador, la Antártida resultó ser por unos años mi segundo hogar. No sé si volvería, así como tengo los mejores recuerdos de experiencias increíbles, también tengo fantasmas que me acechan de los malos momentos. Allí se descubre lo mejor y lo peor del ser humano, y lo más bello y lo más peligroso de la naturaleza.

Llevaré en mi alma a la Antártida por siempre, ha sido de las mejores experiencias que he tenido en la vida. Quien logra superar el aislamiento y el frío de allí, jamás vuelve a sentirse solo en ninguna otra parte del planeta.

Carrier de nieve sobre Glaciar Collins.

Foto: Karina Sans

Hundimiento del barco turístico Explorer por iceberg

Programa de Censo de Vida Marina Antártica

Foto: Elizabeth Huck

En cueva antártica

Foto: Elizabeth Huck

Iglesia ortodoxa rusa en Isla Rey Jorge.

Foto: Karina Sans

Ciencia Antártica

Estudio de oxígeno disuelto en agua. Mi mano sosteniendo una botella de análisis.
Foto: Heber Dutra

La investigación científica antártica básicamente se puede clasificar en tres grandes grupos; actividades de investigación obligatoria, de ciencia básica e investigaciones de alto nivel.

Dentro de las investigaciones obligatorias se encuentran las actividades de monitoreo ambiental, tanto del agua, suelo, aire y biota que rodea cada base. Detectar disturbios antropogénicos (del ser humano) debido a su establecimiento y actividades es prioritario para ecosistemas antárticos. Se debe monitorear anualmente que cada base no contribuya a la contaminación de ningún tipo, ni ocasione disturbios en la vida y reproducción de las especies que se encuentran en la región. En este tipo de investigaciones obligatorias en el área de la biología marina trabajaba yo.

Las actividades de ciencia básica están muy vinculadas a la ecología de las distintas especies que allí habitan y su biodiversidad. También se realizan estudios importantes en glaciología para recabar datos sobre el clima pasado en la Antártida, para así poder predecir mejor el presente y futuro del clima mundial.

Se monitorea el depósito de agua dulce más grande del mundo a través del derretimiento de los glaciares y su fragmentación. Recordar que los cambios atmosféricos y de corrientes oceánicas en la Antártida repercuten en todo el planeta. Se controlan también las variaciones de temperatura de la atmósfera, tierra y agua junto a los niveles de ozono, entre otros temas.

Luego se tienen investigaciones ya más avanzadas, las cuales se realizan en bases bien equipadas, y en coordinación con universidades internacionales prestigiosas. Mayoritariamente estos estudios se dan en bases americanas, francesa, japonesa y rusas.

Les comentaré sobre algunos temas interesantes. Uno de ellos es el estudio de los organismos extremófilos, animalitos capaces de soportar condiciones ambientales extremas, como ser aguas sulfurosas, frío intenso, o fuerte calor en aguas termales. Este tipo de estudio está relacionado a la investigación en exobiología, ciencia que estudia la búsqueda de vida extraterrestre. No estamos hablando de buscar a ET, sino buscar formas de vida simples en otros planetas como ser bacterias o virus que puedan ser trasladados por el espacio en meteoritos o cometas, a pesar del frío, radiaciones cósmicas y exposición a altas energías, para finalmente arribar a un nuevo planeta con las condiciones ideales como para sembrar vida.

Esta nueva ciencia está tomando gran relevancia a nivel mundial. Hace unos años en la Facultad de Ciencias donde realicé mi licenciatura en ciencias biológicas pude hacer un curso de exobiología, acercándome así a esta temática tan interesante y que les recomiendo estudiar.

Dentro de los hallazgos de nuevas formas de vida antárticas, investigadores de las Universidades de Oxford, Southampton y de la British Antarctic Survey, han descubierto un cangrejo yeti, nuevas especies de estrellas de mar, percebes, anémonas y posiblemente un nuevo pulpo albino. Estas criaturas viven agrupadas en el ambiente oscuro y caluroso que rodea chimeneas hidrotermales. Gracias a un vehículo de operación remota (ROV) se ha logrado explorar estas fumarolas en el Océano Antártico, que alcanzan temperaturas de hasta 382°C y que crean un ambiente único que carece de luz solar, pero que es muy rico en sustancias químicas.

En el 2013 se hallaron 4000 especies de organismos unicelulares en uno de los lagos subglaciales de la Antártida, a 800 metros bajo la capa de hielo. Este descubrimiento tiene grandes implicancias para la búsqueda de vida extraterrestre. El equipo de investigadores liderado por John Priscu, de la Universidad Estatal de Montana de EEUU, realizó perforaciones en el Lago Whillans. Al analizarlas se sorprendieron al encontrar 130.000 microorganismos en cada mililitro de agua viviendo en la completa oscuridad. Los científicos concluyeron que estos organismos han sobrevivido sin la energía del Sol entre 120.000 y un millón de años. Esto es posible ya que convierten el amonio a nitrato o se alimentan de metano. En un futuro, el equipo espera encontrar vida multicelular, como rotíferos, gusanos o tardígrados. Estos asombrosos resultados representan una gran noticia para los astrobiólogos que buscan vida extraterrestre dentro del Sistema Solar, pues microorganismos de este tipo podrían existir en lunas de Júpiter o en Marte.

Relacionado también a la exobiología tenemos la búsqueda y estudio de meteoritos caídos en la Antártida. Las zonas desérticas del mundo son los mejores lugares para poder hallar estas piezas invaluables de investigación, y la Antártida es un gran desierto de hielo. Allí se han encontrado el 70 por ciento de los meteoritos estudiados en todo el planeta. De ahí que la Fundación Nacional para la Ciencia en EEUU, la NASA y el Smithsonian Institute financien su búsqueda en este continente desde hace 40 años a través del Programa ANSMET.

Otras investigaciones importantes están relacionadas a la búsqueda de nuevos fármacos, especialmente antibióticos. Por ej., se ha descubierto que un extracto de esponja antártica puede ayudar a matar a la bacteria Staphylococcus aureus resistente a la meticilina. El hallazgo fue hecho por un equipo de microbiologia de la Universidad del Sur de la Florida (Tampa). Hoy en día se vuelve muy importante la búsqueda de nuevos fármacos capaces de combatir con éxito bacterias peligrosas actualmente resistentes a los tratamientos disponibles.

En el área de la geología también se han hecho descubrimientos asombrosos en los últimos años, donde un equipo de investigadores de la Universidad de Durham (Reino Unido), publicaron un artículo en la revista “Geology” asegurando que encontraron un cañón gigante mediante el análisis de datos satelitales de la capa de hielo de una zona llamada “Tierra de la Princesa Isabel” al este de la Antártida. Si bien no es visible a simple vista, las huellas del paisaje subglacial se pueden detectar en las imágenes de satélite. Si su existencia se verifica mediante la medición directa, el cañón resultaría un importante descubrimiento geológico.

Las investigaciones astronómicas también son muy comunes en la Antártida, existen varios observatorios y centros de investigación en el tema. Con potentes telescopios se ha logrado captura de imágenes de las galaxias más antiguas. El observatorio más famoso en este continente sin lugar a dudas es el “Ice Cube” con su telescopio de neutrinos situado en la estación “Amundsen-Scott”.

Pero si de misterios se trata, la base antártica que más a dado que hablar por todas las expectativas que se ciernen sobre ella y sus posibles descubrimientos es la base rusa “Vostok”. Allí un equipo internacional de científicos están estudiando al lago mas grande de la Antártida, una reserva de agua subterránea que ha estado aislada de la atmósfera terrestre durante 15 millones de años. Los expertos han indicado que existe vida en esas aguas, revelando la existencia de un complejo ecosistema. "Los límites de lo que es habitable y de lo que no lo es están cambiando. Este sitio demuestra la tenacidad de la vida, y cómo los organismos pueden sobrevivir en lugares donde se pensaba nada podría vivir", ha señalado el investigador Scott Rogers.

El científico ha indicado que la perforación de la capa de hielo que cubre el lago (4 Km de grosor) se realiza en uno de los lugares más hostiles del planeta para albergar formas de vida. La capa de hielo bloquea completamente la luz del sol y crea una enorme presión sobre el líquido. También se encuentra en el lugar más frío de la Tierra.

Realizando análisis de oxigeno disuelto

Foto: Heber Dutra

Arrastre de red para estudios en zooplancton marino

Foto: Elizabeth Huck

Frente a Glaciar Collins con Elizabeth Huck

Base chilena Frey

Foto: Karina Sans

Base rusa Vostok

Base americana Mc Murdo

Base la Gran Muralla China

Misterios en la Antártida

La soledad y el aislamiento.


Ahora hablaremos sobre conspiraciones, leyendas, objetos extraños y anomalías en la Antártida. Al igual que muchos de ustedes yo también soy fan de “Cuarto Milenio”, “Alienígenas Ancestrales” y “Búsqueda Alienigena”. Ser científica no me cierra la mente, al contrario. Por una parte sirve mi formación académica para separar "la paja del trigo", ya que circula mucho dato falso y desinformación en pseudociencia. Por otro lado, todo es posible hasta que se demuestre lo contrario.

Lo que tienen que tener en cuenta cuando ven programas de investigación en misterios y leyendas es que el equipo de trabajo que tienen detrás es enorme. No crean Iker Jiménez se pasa como ratón de biblioteca sin dormir ni comer, para armar un programa semanal de tv, programas de radio, exposiciones, conferencias, vídeo blogs, libros, etc, trabajando él solo. Son muchos los profesionales en esos equipos de investigación que no se ven y que escudriñan la red, leen libros, rastrean noticias y las investigan a fondo para luego escribir las notas que finalmente llegan a nosotros por excelentes divulgadores como lo es Iker y tantos otros.

Giorgio Tsoukalos, escritor y ufólogo suizo de origen griego, políglota y explorador, aún más investigador de campo que ningún otro, opera de la misma manera. Para ellos es más fácil procesar tanta información, debido a toda la logística que tienen detrás. Mientras uno investiga solo y a partir de la experiencia ganada en estudios académicos y años de recorrer el mundo, con un simple ordenador y la biblioteca repleta de libros esperando tiempo para ser leídos, porque este es un trabajo autodidacta que se hace con pasión y paciencia.

Los viajes se pueden realizar cada tanto tiempo, salen caros y más a lugares lejanos sin que te apoye NatGeo o Discovery Channel. Quería dejar esto en claro antes de seguir, para que valoren también a los simples divulgadores en ciencia o de misterios, que por suerte cada año somos más. Durante mucho tiempo publiqué solo para la comunidad científica, ahora deseo llevar conocimiento al público en general. 

Mientras trabajé como investigadora universitaria estuve patrocinada por instituciones académicas, proyectos de ciencia y becas. Se me permitió viajar durante esos años sin gasto económico alguno, pero hoy estoy “free lance”. Igualmente sigo viajando cada vez que puedo para poder compartir con ustedes nuevos conocimientos y experiencias. Próximo año voy a realizar investigaciones en Isla de Pascua y anteriormente he recorrido zonas arqueológicas de México y Perú. Visité también otros sitios reconocidos por fenómenos paranormales o de avistamiento OVNI, como ser la estancia de “La Aurora” en Salto, Uruguay. Tengo aún mucha información para compartirles en futuros informes.

Finalizando con este tema, y antes de adentrarnos en los misterios, les voy a dejar una pequeña anécdota vivida en Ushuaia (Arg.), la ciudad más austral del mundo, que se vincula a lo que les venia comentando.

Mi primer viaje a la Antártida fue en avión militar Hércules C130 de la Fuerza Aérea Uruguaya, y mis otras dos idas a ese continente las realicé en barcos militares. Si, viaje desde Uruguay a la Antártida dos veces, ida y vuelta en barco. Imagínense el tiempo que lleva y las tormentas que uno tiene que soportar, lo bueno es que vas tocando puertos, conociendo así gente y lugares.

Durante mi segundo viaje a la Antártida, estando nuestro barco amarrado en muelle del puerto de Ushuaia, atraca junto a nosotros el buque insignia de la NatGeo para filmaciones de documentales antárticos. Ambos buques estaban recargando suministros para el cruce a la Antártida. El buque de la NatGeo una belleza, con enormes ventanales de vidrio anti reflejo y blindados para que no se rompan, para que fotógrafos y cineastas puedan así filmar desde el interior del barco en caso de mal tiempo o frío extremo con las mayores comodidades. Mientras nosotros viajábamos en un buque militar que no tenía “ojos de buey”, porque barco militar que va a la guerra lo último que necesita son ventanas, sino metal grueso, a prueba de torpedos y balas. Por lo tanto, si quería filmar o sacar fotos no me quedaba otra que exponerme al viento, frio, olas, golpes, al mal humor, o lo que viniera. Igualmente tomé buenas fotos de témpanos de hielo a la deriva en el Océano Antártico y filme grandes grupos de pingüinos nadando. 

Foto que saqué en el Puerto de Ushuaia al buque insignia antártico de la National Geographic, enero de 2006.
Durante esta expedición utilicé por última vez mi vieja cámara de rollo. Luego pasé definitivamente a la cámara digital.

Nazis en la Antartida

En rojo el territorio reclamado por el partido nazi en la Antartida

Hay muchas historias interesantes para contarles de expediciones antárticas. No voy a referirme aquí a como se descubrió la Antártida, lo encuentran fácilmente en Wikipedia, pero si me parece muy interesante que conozcan el tema de las bases nazi en la Antártida. 

“Nueva Suabia” fue el nombre que se le dio a una parte de la Antártida ubicada en la “Tierra de la Reina Maud” por parte de una expedición antártica de la Alemania nazi (1938-1939). En este territorio (aprox. 600.000 km²) que reclamaron como propio los alemanes se instalaron varias bases, siendo la principal “Neuberlin", Nuevo Berlín.

Esta expedición científico militar tenía 33 miembros, además de la tripulación del buque en el cual arribaron a la Antártida, 58 personas en total. El 19 de enero de 1939 se estableció la primer base y se comenzó con el reconocimiento cartográfico de la región.

Para afirmar la presencia alemana sobre “Nueva Suabia” se colocaron tres banderas a lo largo de la costa y 13 marcas más fueron colocadas en el interior a intervalos de 30-40 km. Esas marcas eran postes de aluminio de 1,2 metros de altura con un cono de 30 cm de acero con una esvástica en la parte superior. Así delimitó el gobierno alemán nazi la región que reclamaban como propia. Las bases contaban con apoyo naval de barcos y submarinos, además de aviones en tierra.

¿Cuales eran sus principales propósitos?

Primero, asegurar un área en la Antártida para una estación ballenera y así aumentar la producción de grasa animal de Alemania. El aceite de ballena era entonces la materia prima más importante para la producción de margarina y jabón, y Alemania era un gran consumidor de estos productos. Es más, los nazis aprovecharon su estadía en la Antártida para hacerse de barcos pesqueros y balleneros extranjeros. El 13 de enero de 1941 comandos alemanes del barco corsario “Penguin”, abordaron y capturaron dos buques factoría noruegos que se hallaban navegando cerca de la costa de “Nueva Suabia”. Al día siguiente capturaron 11 balleneros más.

Segundo; la Antártida resultaba el lugar aislado, lejano, seguro e ideal para militares de alto rango nazi y el propio Hitler, en caso de tener que abandonar Alemania si perdían la guerra.

Mucha conspiración se teje sobre las bases alemanas nazis y sus operaciones encubiertas. Más que nada debido a las ideas místicas de Adolf Hitler sobre artefactos que pudieran ayudarle a ganar más poder y así conquistar el mundo. Se habla de tecnología OVNI, de investigaciones secretas, rituales esotéricos, etc.

Creo yo que más interesante que todas las conspiraciones (reales o no), han sido las creencias espirituales y esotéricas del mismo Hitler y su séquito de alto rango. Adolf era aficionado a la astrología, espiritismo, runas, mitología y yoga. De todas las religiones su preferida era el budismo tibetano y era a la única que no perseguía en sus creencias. Para aquella época un hombre con estas características no era tradicional, menos aún el que fuera vegetariano, una costumbre que se a vuelto moda recién en épocas modernas. Amaba los animales, especialmente a los perros, por ello tenia muchos. Todas sus creencias las trasladó a su partido nacional socialista y eran parte de su agenda. Aunque no se obligaba a los adeptos y simpatizantes nazis el adherirse a estas creencias esotéricas, si eran importantes en el alto circulo político militar que rodeaba a Hitler. Se le concedía a ciertos elegidos un anillo (Totenkopfring), el cual indicaba el rango de iniciación que se tenia en las creencias de tinte esotérico que caracterizaban a la alta cúpula de la SS, creencias que se traducían en rituales mágico-paganos que se practicaban durante los solsticios y equinoccios, promulgando así la exaltación de la raza aria. 

La “Sociedad Thule” fue una organización esotérica fundada por el alemán Rudolf von Sebottendorff. Era antisemita, anticomunista, anticristiana y racista. Se la considera la madre espiritual del nazismo. Una vez en el poder, el Partido Nazi prohibió todos los grupos esotéricos, menos esta sociedad. Quedó prohibida la masonería (muchos masones fueron enviados a campos de concentración) y se cerró la “Sociedad Teosófica de Alemania”. Persiguió a los grupos neo-paganos cuando se negaron a jurar lealtad al nazismo en sus ritos religiosos y prohibió otras muchas organizaciones místicas más. Sin embargo, el nazismo respeto al budismo tibetano, permitiendo incluso la realización del primer congreso budista europeo en 1933, con colonia de monjes budistas en Alemania. Hitler hasta ordenó expediciones científicas al Tibet ante la invitación oficial del gobierno tibetano.

Las creencias esotéricas de Hitler merecerían un apartado ya que incluyen la búsqueda del Santo Grial y la búsqueda de la mítica y supuestamente desaparecida ciudad de la Atlantida, la que el pregonaba como una de las fuentes de donde provenían los ancestros de los alemanes de raza aria.

Sobre la Antártida, dejando de lado las teorías sobre OVNIS creados por el Tercer Reich, lo cual roza más la fantasía que la realidad, si hay dos temas interesantes para destacar. Uno de ellos es la llamada “Operación High Jump”.

Durante los años 1946 a 47, se envió a la Antártida la mayor fuerza militar expedicionaria de los EEUU a ese territorio, conformada por 13 barcos (rompehielos, porta aviones, destructores, cargueros, buques tanques, lanzadores de hidroplanos) y un submarino. Sumando 4.200 efectivos embarcados, y liderados por el Almirante Richard Byrd. Esta operación se enfocó mayoritariamente a ejercicios tácticos navales, exploración científico antártica, reconocimiento de la región en cartografía y geografía buscando puntos estratégicos para instalar bases. 

Muchas versiones circulan en la red, unas cuantas conspiratorias de que en realidad se produjo un enfrentamiento militar entre los EEUU y los alemanes nazis apostados en la Antártida con derrota de las tropas americanas debido al poderío nazi surgido de nueva tecnología generada en las tierras heladas. Nada de esto tiene asidero alguno a la fecha, salvo las especulaciones. Lo único cierto es que la expedición americana si existió. Es más, viajaban periodistas a bordo que luego relataron las exploraciones realizadas por los americanos en el continente helado.

Otro punto interesante a destacar en relación a los nazis en la Antártida fue la especulación, que no se puede comprobar a la fecha, de que Hitler no se habría suicidado junto a su pareja Eva Braun, y que sus cuerpos hayan sido incinerados en Alemania, sino que este habría huido en submarino hacia la Argentina y luego llegado a una supuesta base antártica ubicada bajo el hielo tipo bunker.

Sobre el tema circulan supuestos documentos de varias fuentes de servicios secretos que han apoyado la afirmación del entonces general norteamericano Dwight Eisenhower (posteriormente presidente de los EE.UU) en una misiva a Stalin que decía; "creo que Hitler a escapado". 

De esta forma, los cuerpos carbonizados que se encontraron en un bunker de Berlín pertenecerían a un doble de Hitler y de su mujer, a quienes les hicieron todo el trabajo dental correspondiente, les mataron y quemaron. Se dice la CIA ocultó la verdad para evitar la vergüenza pública de que América "no fue capaz de capturar a Hitler". Todo quedara en el misterio.

Actualmente en “Nueva Suabia” hay 5 estaciones de investigación permanentes, entre ellas la base alemana “Neumayer III”.

La misteriosa Estación Rusa “Vostok”

Perforación sobre Lago Vostok

La base científica rusa “Vostok” no solo encierra el misterio más grande de la Antártida, sino también en ciencia encierra uno de los misterios mas grandes del planeta a través de su famoso lago.

El lago “Vostok” es el más grande de los aproximadamente 400 lagos subglaciales conocidos de la Antártida. Situado en el punto más frío, se encuentra debajo de la base rusa de mismo nombre, a unos 3748 m de la superficie de hielo, totalmente aislado del exterior, protegido así de la atmósfera terrestre. Este enorme lago de agua dulce mide 250 km de largo por 50 km de ancho en su parte más amplia, teniendo una profundidad promedio de 432 m. Se divide en dos cuencas separadas por una cresta.

El hielo depositado sobre el lago proporciona un registro paleo climático de 400.000 años de antigüedad, aunque la masa de agua propia del lago pudo haberse aislado hace unos 15 a 25 millones de años.

Algo digno de admirar para colegas científicos ávidos de poder investigar que criaturas se encuentran en ese ecosistema que se a mantenido oculto millones de años. Seria como estudiar formas de vida de otro planeta.

La primer muestra de agua se obtuvo el 10 de enero de 2013, a una profundidad de 3406 m, pero tan pronto como fué perforada la capa de hielo, el agua del lago brotó del pozo y se mezcló con freón y queroseno usado para mantener frío el pozo, contaminándose de esta manera la muestra y perdiendo validez.

En enero de 2015, fue perforado un nuevo pozo “limpio” y se obtuvo una nueva muestra de agua supuestamente virgen.

El equipo ruso planea descender una sonda al interior del lago para recoger muestras de agua y sedimentos del fondo. Se plantea así la posibilidad de encontrar formas inusuales de vida al contener el lago un ambiente sellado y aislado bajo el hielo durante millones de años. La evolución de las especies allí presentes podrían diferir a las demás encontradas en otras partes de nuestro planeta. Probablemente las condiciones ambientales de ese lago profundo se parecerían a las que se podrían encontrar en lunas de Júpiter y Saturno.

La investigación del lago viene muy complicada debido a la contaminación de las muestras, lo que genera un grave problema para determinar que especies realmente habitan en la biota microbiana del mismo. Resulta un peligro además el contaminar un lago aislado durante millones de años con microbios que habitan la superficie terrestre. Todo este tema a limitado mucho el avance de las investigaciones.

No se puede hablar aún del estudio de especies de mayor tamaño que puedan habitar estas profundidades cuando aún no se a podido aislar el lago de la contaminación microbiana.

Para poder desarrollar un trabajo científico serio en el lugar debería generarse un laboratorio de descontaminacion y aislamiento, sumado a esterilización sobre el punto de extracción de muestras de agua e introducción de sondas de rastreo profundo, al estilo de los utilizados en los estudios con virus Nivel 4, que son los virus más peligrosos del mundo (ej. ébola). Hasta que no se garanticen las condiciones adecuadas de trabajo, lo ideal según la opinión de la gran mayoría de los científicos, es de no seguir perforando, ni tratar de extraer muestras, ya que el daño que podríamos ocasionar a ese ecosistema podría ser irreversible.

Igualmente, cabe destacar que en el año 2012, en una de las perforaciones se encontró una bacteria desconocida, su taxón no coincide con otras especies registradas en los bancos internacionales genomicos (genotecas), esperándose se trate del primer habitante único del lago “Vostok”.

Cuando las condiciones sean las adecuadas para el trabajo sin contaminación desde la superficie, el “Laboratorio de Propulsión a Chorro” de la NASA (JPL), planea utilizar una sonda llamada “cryobot”, que derretiría el hielo a su paso, dejando tras de sí un cable de comunicaciones y de energía eléctrica. El “cryobot” llevaría consigo un mini-submarino llamado “hydrobot”, que seria desplegado una vez que el cryobot haya derretido el hielo y alcanzado las aguas del lago. La misión del hydrobot sería la búsqueda de vida en las aguas del lago utilizando una cámara de vídeo y otros instrumentos de medición.

 

Anomalía magnética en el lago

Otro tema interesante del Lago “Vostok” es el descubrimiento de una importante anomalía magnética en su extremo oriental, que teorizan algunos investigadores podría estar relacionado a un adelgazamiento en esa zona de la corteza terrestre. La cercanía con el manto terrestre en el fondo del lago podría producir ese aumento de la actividad geomagnética. Pero otros científicos contradicen esta teoría y dicen es al revés, que debido a esta delgadez de la corteza debería disminuir el magnetismo.

Hay quienes proponen la anomalía podría ser causada por la presencia de determinados gases que provienen del manto terrestre, y otras teorías ya más descabelladas proponen que se trataría de la presencia de una importante ruina metálica, que podría ser la famosa ciudad perdida de la “Atlantida”, que tantos investigadores vienen buscando y que hasta el propio Hitler pensaba se encontraba allí.

Se dice que la Antártida en el pasado fue habitada, cuando su clima era benigno, hace miles de años, gozando de un clima templado y hasta cálido. Estas afirmaciones se basan en hipótesis de algunos climatólogos y geólogos, de que el polo norte pudo haberse encontrado al sur de las actuales islas Aleutianas hasta el noveno milenio AC, por lo que la Antártida se habría hallado relativamente lejos del Polo Sur. Alguna catástrofe, como la caída de un meteorito de gran porte o un cometa, habría producido un cambio del eje de la Tierra de forma inesperada, con la consiguiente glaciación repentina de la Antártida.

Según el prestigioso psíquico estadounidense Edgar Cayce, los atlantes, habitantes de la ciudad de la Atlantida, vivían bajo un enorme cristal, en una ciudad metalizada que actuaba como fuente energética. Así es que algunos investigadores de mitos y leyendas proclaman que la anomalía magnética del lago “Vostok” provendría justamente de la mitica ciudad escondida en las profundidades del hielo Antártico. 

Avistamientos OVNI

Los avistamientos de objetos voladores no identificados más famosos ocurrieron en la Antártida durante 1965. Siendo que en junio, julio y agosto, personal antártico argentino, chileno y británico observaron en la Isla Decepción el paso de un objeto luminoso que volaba en zig-zag y que quedó suspendido en el aire.

El 3 de julio, personal del destacamento naval Decepción (Arg.) observa el paso de un objeto no identificado, ese mismo día, los chilenos también tienen un avistamiento, quizá el mismo que vieron los argentinos desde su destacamento, siendo visto luego también por los británicos. Ellos confirman una extraña mancha luminosa roja, con variaciones al amarillo y verde. Según los británicos, el ovni permaneció estático durante 10 minutos. Los gobiernos de Argentina y Chile emiten comunicados oficiales sobre los avistamientos. 

En abril de 1991 se realiza otro avistamiento OVNI en la base antártica “Gral. San Martín”, por parte del sub oficial de la fuerza aérea argentina Miguel Amaya.

El 10 agosto de 2012 circula en las redes foto de estación científica alemana “Neumayer III” con un objeto no identificado en su cielo. Rápidamente se desmiente el OVNI ya que se trataba de un globo meteorológico de la base misma, corroborado por los investigadores que trabajaron ese día.

Se habla de supuestos avistamientos en bases americanas pero no hay noticias oficiales al respecto. Circulan una enorme cantidad de vídeos falsos en la red, especialmente en You Tube, algunos son hasta demasiado evidentes en su falsedad, pero igualmente la gente se los cree.

Sobre este tema debemos recordar algo muy importante; OVNI significa “Objeto Volador No Identificado”, lo cual no quiere significar nave alienigena.

Sobre todos los misterios anteriormente descritos deberían ver el episodio sobre la Antártida del programa español “Cuarto Milenio”. Se los adjunto aquí abajo, resulta muy interesante. 

Misterios en la Antártida, programa "Cuarto Milenio"